Misa Dominical

Domingo 08 de marzo

Primera lectura

LECTURA DEL LIBRO DE LOS REYES  4, 42-44

En aquellos días, llegó un hombre de Baal-Salisá trayendo al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja.  Eliseo dijo: “Dáselos a la gente, que coman”.  El criado replicó: “¿Qué hago yo con esto para cien personas”?  Elíseo insistió: “Dáselos a la gente, que coman.  Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará”.  Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

Salmo 144

Señor, nos sacias de favores.

  • Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
  • Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.
  • El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.
Segunda lectura

LECTURA DE LA CARTA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 4, 1-6

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, les ruego que vivan de una manera digna como pide la vocación a la que han sido llamados.  Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos, sopórtense mutuamente por amor.  Esfuércense en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.  Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a la que ustedes han sido llamados.  Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.  Un solo Dios, y Padre de todos, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y está en todos.

Palabra de Dios

Te alabamos Señor.

Evangelio

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN  6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades).  Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.  Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.  Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.  Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Dónde compraremos panes para dar de comer a toda esta gente?”.  Lo decía para ponerlo a prueba, pues bien sabía él lo que iba a hacer.  Felipe le contestó: “Doscientos denarios no bastan, para que a cada uno le toque un pedazo de pan”.  Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos?” Jesús dijo: “Digan a la gente que se siente”.  Había mucha hierba en ese sitio.  Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.  Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; hizo lo mismo con el pescado y les dio todo lo que quisieron.  Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: “Recojan los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”.  Los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.  La gente entonces, al ver la señal milagrosa que había hecho, decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”.  Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.