Domingo 08 de marzo
LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 14.22-33
El día de Pentecostés, Pedro, de pie junto con los otros Once apóstoles, pidió atención y les dirigió la palabra: “Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchen mis palabras y entérense bien de los que pasa. Escúchenme, israelitas: Les hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que ustedes conocen. Conforme al designio previsto y determinado por Dios, fue entregado, y, por mano de paganos, ustedes lo mataron en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice: “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia”. Hermanos, permítanme hablarles con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, vio anticipadamente la resurrección de Cristo, y dijo que no lo entregaría a la muerte ni su carne experimentaría la corrupción. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que ustedes están viendo y oyendo”.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. El Señor es la parte de mi herencia y mi copa; mi suerte está en tu mano.
- Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta la noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
- Por eso me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarán a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
- Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 1, 17-21
Queridos hermanos: Si ustedes llaman Padre al que juzga imparcialmente las acciones de cada uno, procedan con cautela durante su permanencia en la tierra. Ya saben ustedes que los han rescatado de su vana conducta heredada de sus antepasados, no con oro y plata corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos para bien de ustedes. Por Cristo creen ustedes en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dijo gloria, y así han puesto en Dios su fe y su esperanza.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24, 13-35
Gloria a ti, Señor.
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a un pueblo llamado Emaús, distante unos once kilómetros de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: “¿Qué es lo que vienen conversando por el camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué ha pasado?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”. Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes son ustedes para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca del pueblo donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya atardece y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra de Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
y luego