AMAR COMO CRISTO NOS AMÓ – UN MANDAMIENTO NUEVO: EL AMOR (Jn.13, 31-33.34-35)

A veces es difícil amar a alguien porque algunas personas nos parecen malas.
A veces alguna personas hacen daño. Pero Dios quiere que amemos a todos, incluso si no nos gusta lo que hacen para nosotros.  

¡Dios nos ama! Y tal vez podamos tener la oportunidad de enseñar a alguien el amor de Jesús, sólo por la forma en que nos comportamos.

PARA REFLEXIÓN:

  1. ¿Mi amor es como el de Jesús?
  2. ¿Trato de entender a la persona tal cual es, su historia (ponerme en sus zapatos), sus experiencias?
    ¿La acepto como es? (eso no significa que este de acuerdo).
    ¿He perdonado y me perdonó?
  3. El amor cuida ¿Cuido de mi? ¿Cuido de los demás? ¿Cuido el entorno natural (La Casa Común) ¿Cuido de los inmigrantes, los excluidos, los menos poseídos?
  4. El Mandamiento del Amor ¿lo vivo como una obligación o es para mí una liberación?

Mensaje del Papa para la 59 jornada mundial de oración por las vocaciones

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 59 JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Llamados a edificar la familia humana

Queridos hermanos y hermanas:

En este tiempo, mientras los vientos gélidos de la guerra y de la opresión aún siguen soplando, y presenciamos a menudo fenómenos de polarización, como Iglesia hemos comenzado un proceso sinodal. Sentimos la urgencia de caminar juntos cultivando las dimensiones de la escucha, de la participación y del compartir. Junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor. En esta perspectiva, para la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, deseo reflexionar con ustedes sobre el amplio significado de la “vocación”, en el contexto de una Iglesia sinodal que se pone a la escucha de Dios y del mundo.

Llamados a ser todos protagonistas de la misión

La sinodalidad, el caminar juntos es una vocación fundamental para la Iglesia, y sólo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios. Al mismo tiempo, sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia. Por lo tanto, dicha misión es posible precisamente haciendo que cooperen todos los ámbitos pastorales y, antes aun, involucrando a todos los discípulos del Señor. Efectivamente, «en virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 120). Es necesario cuidarse de la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros  y ejecutores a los segundos, y llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos. Toda la Iglesia es comunidad evangelizadora.

Llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación

La palabra “vocación” no tiene que entenderse en sentido restrictivo, refiriéndola sólo a aquellos que siguen al Señor en el camino de una consagración particular. Todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo de reunir a la humanidad dispersa y reconciliarla con Dios. Más en general, toda persona humana, incluso antes de vivir el encuentro con Cristo y de abrazar la fe cristiana, recibe con el don de la vida una llamada fundamental. Cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca. Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida. En definitiva, a ser una única familia enla maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus elementos. En este sentido amplio, no sólo los individuos, sino también los pueblos, las comunidades y las agrupaciones de distintas clases tienen una “vocación”.

Llamados a acoger la mirada de Dios

A esa gran vocación común se añade la llamada más particular que Dios nos dirige a cada uno, alcanzando nuestra existencia con su Amor y orientándola a su meta última, a una plenitud que supera incluso el umbral de la muerte. Así Dios ha querido mirar y mira nuestra vida.
A Miguel Ángel Buonarroti se le atribuyen estas palabras: «Todo bloque de piedra tiene en su interior una estatua y la tarea del escultor es descubrirla». Si la mirada del artista puede ser así, cuánto más lo será la mirada de Dios, que en aquella joven de Nazaret vio a la Madre de Dios; en el pescador Simón, hijo de Jonás, vio a Pedro, la roca sobre la que edificaría su Iglesia; en el publicano Leví reconoció al apóstol y evangelista Mateo; y en Saulo, duro perseguidor de los cristianos, vio a Pablo, el apóstol de los gentiles. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas.
Esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama. La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos. Así como existe la “santidad de la puerta de al lado” (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6-9), también la vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos.
Dice un proverbio del Lejano Oriente: «Un sabio, mirando un huevo, es capaz de ver un águila; mirando una semilla percibe un gran árbol; mirando a un pecador vislumbra a un santo». Así nos mira Dios, en cada uno de nosotros ve potencialidades, que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común.
De este modo nace la vocación, gracias al arte del divino Escultor que con sus “manos” nos hace salir de nosotros mismos, para que se proyecte en nosotros esa obra maestra que estamos llamados a ser. En particular, la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía. Y aprendamos a escuchar también a los hermanos y a las hermanas en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer.

Llamados a responder a la mirada de Dios

La mirada amorosa y creativa de Dios nos ha alcanzado de una manera totalmente única en Jesús. Hablando del joven rico, el evangelista Marcos dice: «Jesús lo miró con amor» (10,21).
Esa mirada llena de amor de Jesús se posa sobre cada una y cada uno de nosotros. Hermanos y hermanas, dejémonos interpelar por esa mirada y dejémonos llevar por Él más allá de nosotros mismos. Y aprendamos también a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos —cualesquiera que sean— puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades.
Cuando acogemos esta mirada nuestra vida cambia. Todo se vuelve un diálogo vocacional, entre nosotros y el Señor, pero también entre nosotros y los demás. Un diálogo que, vivido en profundidad, nos hace ser cada vez más aquello que somos: en la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida. En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras.
A este respecto, quisiera mencionar aquí la experiencia del doctor Gregorio Hernández Cisneros. Mientras trabajaba como médico en Caracas, Venezuela, quiso ser terciario franciscano. Más tarde pensó en ser monje y sacerdote, pero la salud no se lo permitió. Comprendió entonces que su llamada era precisamente su profesión como médico, a la que se entregó, particularmente por los pobres. De manera que se dedicó sin reservas a los enfermos afectados por la epidemia de gripe llamada “española”, que en esa época se propagaba por el mundo. Murió atropellado por un automóvil, mientras salía de una farmacia donde había conseguido medicamentos para una de sus pacientes que era anciana. Este testigo ejemplar de lo que significa acoger la llamada del Señor y adherirse a ella en plenitud, fue beatificado hace un año.

Convocados para edificar un mundo fraterno

Como cristianos, no sólo somos llamados, es decir, interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados. Somos como las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que sólo juntas componen una imagen. Brillamos, cada uno y cada una, como una estrella en el corazón de Dios y en el firmamento del universo, pero estamos llamados a formar constelaciones que orienten y aclaren el camino de la humanidad, comenzando por el ambiente en el que vivimos. Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad. Por eso la Iglesia debe ser
cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente.
Por tanto, cuando hablamos de “vocación” no se trata sólo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón cuando suplicó al Padre: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Toda vocación en la Iglesia, y en
sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer  que la armonía de los numerosos y diferentes dones que sólo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres. Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado.
Recemos, hermanos y hermanas, para que el Pueblo de Dios, en medio de las dramáticas vicisitudes de la historia, responda cada vez más a esta llamada.
Invoquemos la luz del Espíritu Santo para que cada una y cada uno de nosotros pueda encontrar su propio lugar y dar lo mejor de sí mismo en este gran designio divino.

Roma, San Juan de Letrán, 8 de mayo de 2022, IV Domingo de Pascua.

Francisco

«NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO» (Jn. 10, 27-30)

La voz de Dios está cerca y a mano en las Escrituras. Paro eso necesitamos tiempo para leer, volver a leer, meditar, de manera que la palabra de Dios penetre y se nos permita escuchar “su voz” que habla de paz, y que nos enseña y consuela.

SEÑOR, una vez más tus palabras consuelan nuestros corazones dolientes. Tú nos conoces; nos entregas tu mejor regalo, que es la vida eterna; Tú nos defenderás de cualquiera que trate de separarnos de TI.

PARA REFELEXIÓN:

  1. ¿Experimento o me reconozco que soy hija del Padre y que Jesús es mi buen Pastor?
  2. ¿Es tal mi relación con Jesús que puedo reconocer su voz?, si no es así ¿qué puedo hacer para lograrlo?
  3. ¿Qué relación tengo con Dios Padre?

¡NO SEAS INCRÉDULO, SINO CREYENTE! LA DIVINA MISERICORDIA (Juan 20, 19-31)

Jesús resucitado irrumpe en la casa de sus amigos más cercanos por primera vez desde que todos lo habían abandonado. Sin embargo, sus primeras palabras fueron “La paz a vosotros ”. No hubo reproches solo “Paz” mostro los signos de sus heridas.
Tomás expresa y da a conocer sus dudas.

PARA REFLEXIÓN:


Nuestras dudas, cuestionamientos, interrogantes, son una magnífica oportunidad para crecer en nuestra vida con Jesús. Si las damos a conocer como Tomás, investigamos, profundizamos y sobre todo como Mamita María avanzamos en nuestra vida con Jesús aún en medio de ellas aunque no comprendamos.
Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc.2,19) y (Lc. 2, 41-51)

  1. ¿Mis dudas, mis temores son impedimento para avanzar en mi misión evangelizadora?
  2. ¿Confío en el testimonio de la Comunidad, de la Iglesia conforme Jesús lo ha dispuesto?
  3. ¿Qué tanto contribuyo a mi Comunidad, a mi Iglesia?
  4. En este domingo de La Divina Misericordia :
    ¿Cómo descubro que Dios es Padre de Misericordia frente a tanta violencia, lucha y pecado?

Explicación del icono sinodal

Es un árbol grande y majestuoso, lleno de sabiduría y luz que alcanza el cielo. Es un signo de profunda vitalidad (en movimiento) y esperanza que expresa la cruz de Cristo.

La Eucaristía brilla como el sol y las manos abiertas como las alas del Espíritu.

El pueblo de Dios está en movimiento, caminando juntos, sinodalmente, y unidos bajo la sombra del árbol de la vida desde el que se inicia su caminar.

Son 15 siluetas que representan a la humanidad en su diversidad de situaciones vitales. Multitud de colores vivos símbolo también de alegría. No hay jerarquía entre estas personas, jóvenes, ancianos, hombres, mujeres, adolescentes, niños, laicos, religiosos, padres, personas con habilidades diferentes, solteros, parejas, etc. El obispo entre ellos, a su lado -no el primero-. Los niños y adolescentes abren el camino “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños” (Mt 11, 25)

DOMINGO DE RAMOS: PASION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (Lucas 22, 14-23. 56)

Llueven las palmas y los olivos cubriendo el suelo completo bajo el andar de un pollino que a pesar de los gritos avanza dispuesto.
La mirada de Jesús mansa y penetrante, conoce bien los corazones, quién le canta ¡Vivas! ¡Glorias¡ y ¡Alabanzas!.
Él Señor sabe muy bien lo que habita en cada interior, sabe de la traición y de la crucifixión .
Aquel Santo morirá y sangrar por la humanidad, cada clavo martillado, cada miembro mutilado será sol en la oscuridad.
Avanza en mansa entrega conoce la sangre por correr, pero conoce el final también: LA RESURRECCIÓN ESPERA.
Cuando haya alcanzado al Padre volverá con su Gloria original, con Poder sobre el Universo y con la misma Humildad.
Arre burrito, lleva a Jesús a morir por nosotros, a morir en la cruz para que esta Pascua una vez más Renazcamos con Él a una vida de Paz.
(Alma al aire seudónimo)

5to.DOMINGO DE CUARESMA: LA MIRADA DE JESÚS (Jn. 8,1-11)

Para que un perdón se haga efectivo, necesitamos un arrepentimiento de corazón, y nuestro compromiso de cambio (conversión)
Señor, tus palabras suenan en nuestros oidos: » Vete y no peques más» además nos dejas una gran enseñanza: no criticar, no juzgar o condenar, nada de esto nos corresponde.

PARA REFLEXIÓN:

  1. ¿Cómo actúo juzgando o condenando a los demás? ¿Soy misericordioso (sa) como Jesús con la mujer encontrada en adulterio?
  2. ¿ En qué ocasiones he experimentado el amor de Dios a pesar de mis faltas?
  3. ¿ En qué faltas necesito pedir a Jesús experimentar su Misericordia?
  4. Jesús me dice: » Vete y no peques más»
    ¿Vivo la conversión y la Libertad?

4to. DOMINGO DE CUARESMA: DIOS NOS ACOGE A TODOS INCONDICIONALMENTE (Lc.15, 1-3 .11-32)

Muchas veces buscamos nuestra libertad, se nos hace pesado cumplir normas y nos alejamos de la verdad.
Pero tú Señor contra toda esperanza nunca nos dejas de amar, esperas paciente nuestro regreso y sales a nuestro encuentro, nos acoges y perdonas a pesar de nuestras ingratitudes e infidelidades.

PARA REFLEXIÓN:

  1. ¿Cómo cuál de los hijos me identifico? ¿Cómo el menor que quiere su libertad y
    rompe la relación de familia? ¿Cómo el mayor que se esmera en cumplir con las normas pero no sabe perdonar?
  2. ¿Me identifico con la actitud del Padre? ¿Actúo de esa manera?
  3. ¿Qué tan conciente estoy del amor de Dios hacia mí? ¿Cómo se ha manifestado
    esta conciencia de su amor en las últimas semanas?
  4. ¿Acojo a todos incondicionalmente
    como Dios lo hace con nosotros?


3er. DOMINGO DE CUARESMA: JESÚS ES LA OPORTUNIDAD, ¡CONVIÉRTETE! (Lc.13, 1-9)

Jesús no nos deja sin ayuda. Así como con la higuera, nos provee de todo lo necesario para producir frutos.

Señor, Tú eres el jardinero que nos cultiva y nutre, no queremos perder esta oportunidad que nos das de comenzar cada mañana .
Nuestra responsabilidad será que esas semillas den frutos de verdad, vida y esperanza.

PARA REFLEXIÓN:

  1. ¿Estoy suficientemente satisfecho del camino que ya llevo hecho como Cristiano, como Católico?
  2. ¿En qué momento de mi vida he experimentado el amor misericordioso y paciente de Dios? ( compartir en familia)
  3. ¿Tengo una esperanza activa, sacrificada, es pertinente y valerosa?