Dejemos que crezcan juntos

En la parábola del trigo y la cizaña tenemos un binomio o sea el bien y el mal.  Los fieles, representados por el trigo, y los infieles, representados por la cizaña. Es la voluntad de Dios que junto al trigo exista también la cizaña, lo positivo y lo negativo al mismo tiempo .Es la voluntad soberana de Dios que su pueblo sepa que en medio de las tinieblas, la luz resplandece más.
Permitamos que el trigo y la cizaña crezcan juntos, tal como Dios lo ha dispuesto. No queriendo separar y sacar la cizaña, porque Dios y sus ángeles lo harán al final de los tiempos. A nosotros solamente nos corresponde sembrar la semilla y regar el campo con oración, y  es el Señor quién dará el crecimiento en su tiempo .

Preguntas para reflexionar:

¿Cuál es mi cizaña y cuál es mi trigo?
¿Que tanto me esfuerzo en dejar la cizaña que tengo en mi vida ? Aún cuando no tengo éxito?
¿Tengo puesta mi esperanza en el Señor? ¿ Cómo se manifiesta?

Paso a paso uno construye, la semilla tiene su fuerza interna

Sembrar con pasión y convicción

La parábola del sembrador leída en clave espiritual nos ayuda a darnos cuenta si estamos siento tierra fértil para la acción del Espíritu Santo y de la palabra de Dios en nuestra vida. La buena noticia es que podemos elegir qué tipo de tierra queremos ser. De eso dependerá si la semilla de su palabra hecha raíces fuertes, crece y produce fruto abundante o, por el contrario, termina muriendo en una tierra estéril.

Proponemos algunas preguntas para ayudarte a reflexionar.

¿Que me ayuda a ser una tierra fértil?

  1. ¿Que me impide a estar abierto (a) a la Palabra de Dios, miedos, desánimos, intereses personales, vida agitada, cobardía etc.?
  2. ¿Que tanto confío en Dios?

¿Yo también participo en sembrar semillas? Es decir:

  1. ¿Soy una persona evangelizadora, misionera?

NOTA: pongamos nuestra atención en el esfuerzo del trabajo que realizamos y no tanto en el éxito.

Pentecostés: El Espíritu de Jesús

Pentecostés Espíritu Santo El - Imagen gratis en Pixabay

Después que crucificaron a Jesús, nos cuenta el evangelio que se quedó solo. Algunos de sus seguidores huyeron, otros miraban a los lejos. María y Juan sí estaban al pie de la cruz.

En los corazones de los apóstoles y discípulos había temor, dudas, incertidumbre. Muy parecido quizá a lo que hoy nos toca vivir. Pensaban ellos que también podrían tomarlos prisioneros y castigarles como lo hicieron con Jesús. Incluso después de ver al resucitado, seguían con temor. Se reunían a escondidas para evitar ser vistos.

Precisamente en esas circunstancias ocurre el día de Pentecostés. Cuando Jesús resucitado ascendió a los cielos les hizo una promesa: “Pronto recibirán el Espíritu Santo”. Esa promesa se cumplió 50 días después de su Resurrección. Eso significa precisamente el término “Pentecostés”.

Según el relato de los Hechos de los Apóstoles se escuchó un ruido como una ráfaga de viento y unas lenguas de fuego se posaron sobre sus cabezas. Y después salieron a anunciar lo que habían visto y oído, sin temor, llenos de fe y confianza en el Señor, llenos de sabiduría y fortaleza.

Cuando nos bautizamos nosotros también recibimos el Espíritu Santo y reafirmamos esta presencia y este poder al confirmarnos. Recordemos que el Espíritu Santo es el mismo Espíritu de Jesús. Lo ayudó al él a cumplir con la misión que su Padre le confió, y nos lo ha dado para que continuemos su misión aquí en la tierra. La pregunta es ¿Estamos usando este gran poder? ¿Cómo es nuestra relación con el Espíritu Santo?

Te invitamos a reflexionar sobre esta o tras preguntas realizando algunas sencillas actividades. Puedes compartir tus opiniones en el foro de nuestra web.