EL AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO SON INSEPARABLES (Mt. 22, 34-40)

El amor a Dios se manifiesta en el amor al prójimo y también en el amor y el cuidado de nosotros mismos. Amar es vivir cada día según las enseñanzas de Jesús, con un corazón abierto, generoso y dispuesto a servir.

PARA REFLEXIÓN:

  1. ¿Qué significa para mí amar a Dios con todo mi corazón en la vida cotidiana? ¿Cómo he vivido este mandamiento durante la semana que ha transcurrido?
  2. ¿A quién me está pidiendo el Señor que me acerque para brindarle mi amor, mi tiempo, mi comprensión o mi ayuda?
  3. ¿Cuánto me amo, me respeto y me cuido? ¿Procuro cuidar mi salud, descansar lo necesario y desarrollar los dones que Dios me ha regalado?