JESÚS SALVA CON UNA SOLA PALABRA (Mc.4, 35-40)

Existe un peligro, caos, se levanta un fuerte huracán, la expresión de ira de los discípulos lo despertaron diciendo:
«¿Maestro no te importa que nos hundamos?»
Ocurre en nuestra vida, nuestra fe se desvanece a la primera tormenta.
Como resultado, esta disminución, o pérdida de fe, da paso al temor. En tales momentos Jesús puede estar dormido pero su amor nunca nos abandonará.

SEÑOR: hay momentos que necesito oír tu voz ordenando paz y tranquilidad en medio de la tormenta.

Para Reflexión:

  1. ¿En qué momentos o situaciones de mi vida he experimentado peligro?
  2. Como los discípulos ¿he alzado mi voz despertando a Jesús? ¿Cómo se manifestó?
  3. En medio de lo que estamos viviendo en el país ¿Qué le estás pidiendo ahora?

VIVE PARA SEMBRAR, VIVE PARA DAR, VIVE PARA AMAR. (Mc.4, 26-34)

Dios no está lejos, ni apartado, está entre nosotros, en la vida diaria en lo cotidiano.
Nuestra tarea es ir sembrando semillas con amor para que duren hasta la eternidad.
Jesús nos enseña que es necesario plantar, luego Dios hará lo suyo en su tiempo, y el tiempo es un don de Dios, un regalo, todo tiene un camino y un proceso.
Vive para sembrar, vive para dar, vive para amar y confia en Dios más allá de todo tiempo.

Para Reflexión :
Cada persona hace su proceso, su camino y lo debemos respetar.

  1. ¿Qué me pide Dios? ¿Qué pretende Jesús?
  2. ¿Cómo Dios ha actuado en mi vida? ¿Cosas que no entendía, situaciones, experiencias, hasta después de un tiempo veo los frutos de lo vivido?
  3. Quizás no encontramos el ¿por qué?, siempre busquemos el ¿para qué?

EUCARISTÍA, MARAVILLA Y PRODIGIO DE AMOR (Mc.14,12-16.22-26)

Hoy se nos recuerda nuevamente el gran regalo que Jesús nos ha dado en la Eucaristía, Jesus se convierte en pan partido. El cáliz de la bendición es la sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por nosotros.
Como personas eucarísticas, nosotros debemos ser tomados, bendecidos, partidos y dados a otros, tal como hizo Jesús.
Su continua Presencia nos alimenta y a la vez nosotros alimentamos a los que nos rodean.

Para Reflexión:

  1. Jesús se nos da ¿Yo experimento esto?
    ¿Llevo a Jesús a los demás haciéndome pan partido y compartido?
  2. ¿Descubro a Jesús en los sufrientes como lo hago en el pan y el vino?

CELEBREMOS EL AMOR TRINITARIO DE DIOS (Mt. 28, 16-20)

La Santísima Trinidad es una Comunión de amor .Es un círculo eterno de amor entre las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Nosotros hemos sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, y sólo nos realizamos dándonos por amor a otros, y recibiendo plenamente el amor de Dios por nosotros que nos ama con un amor entrañable y gratuito
Sólo el amor puede dar sentido y sostener nuestra vida.

Para Reflexión:

  1. ¿Cómo Dios se hace presente en mi vida y me cuida?
  2. María también es camino, es icono para llegar a este amor .Toda nuestra vida está construida en este misterio del amor.
    Como María, ¿nos abrimos al amor de Dios? ¿Lo llevamos a los demás como ella lo hizo en su visita a su prima Isabel?
  3. María vivió momentos muy difíciles, la muerte de inocentes, la crucifixión de Jesús. Como ella ¿Me mantengo fiel experimentando la presencia de Jesús y la acción del Espíritu Santo en mí?

LA PAZ ESTE CON USTEDES (Jn.20 19-23)

La presencia, la experiencia del Resucitado ahuyenta los sentimientos negativos, miedo, desesperanza, tristeza y da una gran paz. Los discípulos se alegran de ver a Jesús, y experimentan la presencia del Espíritu Santo que transformó en alegría todo. Significó para ellos el fin del miedo y del temor. Las puertas de la comunidad se abrieron y salieron a predicar la Buena Nueva.

Para Reflexión:

  1. Los discípulos tenían miedo y estaban encerrados.
    ¿Cuáles son los miedos que me trajo la pandemia por los que me he encerrado?
    ¿Me quita o impide vivir la paz del Señor?
  2. ¿Cómo he anunciado la Buena Nueva (Evangelio) la semana que pasó?. ¿Cómo lo puedo hacer esta semana?

LLAMADOS A SER OTROS CRISTOS (Mc.16,15-20)

Cada uno de nosotros hemos sido llamados a esparcir y dar a conocer el amor de Dios, pasar la buena noticia a aquellos con quienes nos encontramos. Y todo esto, con la confianza de que Dios nos acompaña trabajando con nosotros.
Cada uno de nosotros es llamado a ejercer el ministerio de Jesús de un modo u otro. Somos llamados a ser «otros Cristos»; ser personas que desean dar a conocer y repartir el amor de Dios.

Para Reflexión:

  1. ¿Proclamo la buena nueva por la manera en que vivo, siendo una bendición para el mundo que Dios ha creado?
  2. ¿Conozco suficientemente el Proyecto de Jesús?
  3. ¿Qué me falta para madurar más en la fe?

NADIE TIENE AMOR MÁS GRANDE QUE EL QUE DA LA VIDA POR SUS AMIGOS (Jn. 15 9-17 )

El corazón del mensaje cristiano es el amor, ¡Dios nos ama!
Ser amigo de Jesús, ser amado y elegido por Él.
El amor Cristiano es fruto de una unión, de «permanecer» unidos a aquel que es el amor verdadero. 

Para Reflexión:

  1. ¿Mi amor como Jesús, es hasta el extremo?
  2. ¿Soy capaz de amar sin medidas?
  3. ¿Me reconocen como Cristiano por mi capacidad de amar?
  4. ¿Reconocen los demás la presencia de Dios en mi?

PERMANEZCAN EN MI AMOR (Jn. 15, 1- 8)

A través de la analogía de la vid y los sarmientos, Jesús nos dice:
Yo soy la Vid y ustedes los sarmientos, por tanto, somos los que estamos unidos a Cristo por el bautismo, la fe, el amor y la fidelidad a su seguimiento.
Jesús permanece en mí y me invita a permanecer en Él, para que yo pueda producir frutos abundantes.
Oremos por el deseo de una relación más profunda con Jesús y por una vida fructífera.

Para reflexión:

  1. ¿Cómo me alimento de la savia de Jesús?
  2. Todo crecer demanda tiempo, proceso, protagonismo, poda. ¿Qué experiencia tengo de esto?
  3. ¿Me reconocen como discípulo de Jesús por mi capacidad de amar?

CONOZCO A LAS MIAS Y ELLAS ME CONOCEN  (Jn.10, 11-18)

Estar en Cristo es conocer al Padre, son Uno.

La voz de Dios está  en las escrituras, debemos de leer, releer y meditar para que penetre y se nos permita «escuchar su voz»  que habla de paz, amor que nos enseña y consuela. También está en el silencio de nuestra oración.

Señor, escucho tu voz de amistad, te reconozco y me animas a seguirte.
Nada temo porque tu vas conmigo.
Una vez más tus palabras consuelan nuestro corazón, Tú  nos conoces, Tú  nos defiendes de cualquiera que nos quiera separar de Ti.
Te pedimos Señor, nos des «Buenos Pastores» que animados de tu ejemplo nos conduzcan por caminos que los tiempos actuales requieren .

Para Reflexión:

  1. ¿Conozco a Jesús? ¿tengo una relación cercana con Él?
  2. ¿Reconozco a Jesús como mi Buen Pastor? ¿Tengo confianza en Él?
  3. ¿Qué  experiencia he tenido en el último año de Jesús  como mi Buen Pastor?